La historia de Juan Manuel Ballestero dio la vuelta al mundo y llegó tan lejos como su propia travesía. El marplatense navegó solo y sin combustible durante más de 80 días para reencontrarse con sus padres, dos jubilados. Trasladó consigo a su hogar, una pequeña embarcación a vela de casi 9 metros llamada “Skua”. Y afortunadamente, semejante periplo tuvo un final feliz.
Uno de los reencuentros más emocionantes ocurridos durante la pandemia sucedió en Mar del Plata y tuvo protagonistas locales.
Cómo comenzó todo
Juan Manuel Ballestero (@skuanavega en Instagram) es marplatense, tiene 47 años y es amante del surf y la navegación. Hace muchos años que reside en España, concretamente en una casa amarrada: su hogar es la misma pequeña (pero por lo visto resistente) embarcación con la que cruzó el Océano Atlántico para volver a su ciudad natal.
El cierre de las fronteras y la suspensión de los vuelos por la pandemia mundial de coronavirus lo encontraron en la isla portuguesa de Madeira. Fue todo tan repentino y con pronósticos tan poco alentadores que Ballestero no lo dudó: partiría inmediatamente rumbo a Mar del Plata a ver a sus padres.
Aunque en ese momentos sus conocidos le decían que era una locura, el tiempo le dio la razón. De haberse quedado o haber retrasado su salida, ya no hubiese podido salir. Sin embargo, sería un larguísimo viaje no exento de obstáculos y dificultades, pero Juan Manuel confiaba en su instinto y en su amor por el mar.
La ruta no le resultaba del todo desconocida: 10 años antes había unido Barcelona con Mar del Plata a bordo de otra embarcación. Con gran parte de la humanidad en confinamiento, su proeza se daría en medio de circunstancias muy especiales.

Un marplatense que cruzó el Atlántico para reencontrarse con sus padres
De antemano, Ballestero había decidido hacer un viaje sin escalas ni puertos, por temor a que lo retuvieran con motivo del coronavirus. Para lograrlo, se aprovisionó y calculó que a la altura de Cabo Verde cargaría unos bidones de combustible en caso de que amainaran los vientos.
En Cabo Verde no le permitieron bajar, y efectivamente el mar se “planchó” a los 25 días de iniciado el viaje. Su desesperación fue grande al ver que sus provisiones disminuían; finalmente y tras 10 días pudo reemprender su travesía. Incluso fue perseguido por piratas en inmediaciones de Cabo Verde.
Otra prueba de fuego fue una avería producto de una ola que lo tumbó con su embarcación. Sin embargo, ya se hallaba cerca de la costa de Brasil, por lo que pudo enviar a reparar la pieza dañada y continuar navegando.
El regreso del héroe
Finalmente llegó a Mar del Plata a mediados de junio, tras 82 días de viaje. A esas alturas, muchísimas personas conocían su historia y su anhelo de reencontrarse con sus padres. Amarró en el Club Náutico y fue recibido como un héroe; inmediatamente se sometió al hisopado para detectar si tenía coronavirus, el cual dio negativo. Luego de tres días, pudo abrazar a sus padres, motor y motivo de su viaje. Llegó justo antes del Día del Padre para poder celebrarlo con quien le enseñó a navegar.
Juan Manuel planea quedarse un tiempo con ellos, pero ya piensa en su próximo destino: cruzar el estrecho de Magallanes rumbo al Pacífico. Cuando le preguntaron por la enseñanza que le dejó esta aventura, contestó poéticamente: “siempre la hora más oscura es justo antes del amanecer”.

PhotoCredit foto de portada: Micaela Rodriguez. Instagram: @soymicarodriguez.


