Kronomether es el nombre de un barco pesquero soviético que hoy duerme el sueño eterno en un arrecife artificial frente a las costas de Mar del Plata. De allí tomó su nombre la cerveza que no fue; la cerveza madurada en agua y sal del Oceáno Atlántico, la cerveza solidaria, la cerveza académica. “Proyecto Kronomether” es un nombre más exacto para dar real dimensión a lo que sí fue: un sueño mancomunado, un trabajo de años, un operativo monumental, una pérdida (¿robo?) increíble, un fiasco. Un misterio.
Se sabe poco y nada sobre esta embarcación antes de su hundimiento programado en el Parque Subacuático Cristo Rey. Incluso su nombre es difuso: si es Kronomether, Khronomether o Kronometjer. Sí se sabe que era una embarcación pesquera de origen soviético y que la disolución de la URSS la encontró navegando en aguas internacionales. De buenas a primeras se convirtió en un barco apátrida, sin bandera. Al parecer, en aquellos últimos días de 1991 el primer punto costero que divisaron fue Mar del Plata y aquí atracaron, para nunca más volver a zarpar.
2018 – 2019: El primer paso de un largo camino
A fines de 2018, el instructor de buceo Carlos Brelles de la Escuela Thalassa, comparte una inquietud con un amigo y juntos dan forma a una idea. Carlos y la Escuela son activos promotores del hundimiento de viejos barcos en una zona del Mar Argentino a la altura de Mar del Plata denominada “La Restinga”, donde el océano y su inmensidad hacen su parte para conformar, paulatinamente, un arrecife artificial. Hacía unos cuatro años que habían logrado el hundimiento del pesquero Kronomether, que desde los noventa flotaba amarrado a la Escollera Sur del Puerto local.
Carlos y su amigo (Eduardo Ricardo, dueño de Cervecería Heller) sueñan en grande. Planean cocinar cerveza, hundirla durante un tiempo en la proa del Kronomether y así obtener un producto único, con olor y sabor a mar. Fantasean con que sea una proeza pionera en el mundo, emulando experiencias previas en Chile, España, Francia, Estados Unidos. Desearían ir más lejos: hundirla a una mayor distancia de la costa y a mayor profundidad. Y que las ganancias por la venta de esa cerveza “con sabor a Mar del Plata” y propiedades oceánicas se done al Museo Municipal de Ciencias Naturales Lorenzo Scaglia.
Una reciente remodelación del acuario había incluído la recreación a pequeña escala de un arrecife rocoso, con su flora y fauna característica. Su mantenimiento requería un equipo específico de enfriamiento del agua, y hacia esa compra y donación tenderían los esfuerzos últimos del Proyecto Kronomether.
El dueño de Heller convocó a dos empresas del sector, Baum y La Paloma, y el 12 de abril de 2019 se hizo la cocción de una cerveza Dark Strong Ale. Se obtuvieron 3750 litros de mosto que quedaron en reposo en los tanques de la fábrica de Baum. Unas semanas después y luego del proceso de filtrado, se llenaron 7 barricas de madera equivalentes a unos 800 litros de cerveza o 2000 botellas. Un pequeño resto permaneció en el tanque, continuando su maceración.
Crece el interés en el Proyecto Kronomether
En paralelo, surgían otros interesados en el Proyecto Kronomether. Alumnos y grupos de investigación de la Universidad Nacional de Mar del Plata vieron la oportunidad de convertir la maceración en agua de mar en un objeto de estudio en términos de flora, fauna y respuesta de los materiales en entornos subacuáticos.
El Proyecto Kronomether crecía en ambición y expectativas; se ganó, y con razón, una Declaración de Interés del Municipio de General Pueyrredon. Avanzando en la cronología, toca hablar del 2020, el año en el que la irrupción de la pandemia lo cambió todo. O casi todo, porque los planes en relación al hundimiento no se vieron afectados, al menos de forma significativa.

2020: Primer objetivo cumplido (pese a la pandemia)
Las primeras semanas luego de la declaración del confinamiento en Argentina fueron complicadas en términos de abastecimiento de ciertos productos. Los barbijos, la lavandina y el alcohol en gel o diluído al 70% en agua pasaron a ser las vedettes de las primeras fases de aislamiento. Más temprano que tarde, el alcohol de manos en todas sus variantes comenzó a escasear, y ante la enorme demanda surgieron actores impensados para intentar suplir esa falta.
Emprendimientos y empresas dedicadas al destilamiento de bebidas alcohólicas en Mar del Plata y la zona tuvieron la iniciativa de donar parte de su producción y prestar sus instalaciones para recrear ese preciado alcohol no ingerible, que se erigía como la única arma de defensa frente al virus desconocido. Las tres empresas abocadas al Proyecto Kronomether participaron donando parte del remanente de la cocción de Dark Strong Ale que aún descansaba en fábrica.
Operativo hundimiento
El “operativo hundimiento” tuvo lugar una mañana soleada de noviembre. Afortunadamente quedaron horas de material fotográfico y audiovisual, tomas aéreas y submarinas de aquella proeza. Todo eran expectativas, orgullo y esperanza, y no había sospechas de un desenlace que nada tendría de luminoso y feliz.
El destino final de las siete barricas, 800 litros de cerveza o 2000 botellas era un punto concreto en la estructura del barco Kronomether. El plan preveía que las barricas agrupadas en dos jaulas debían asegurarse a la proa del viejo pesquero, donde otrora reposara el ancla que se arrojó por última vez en la escollera de una ciudad desconocida a miles de kilómetros de la Unión Soviética, la madre patria.
24 metros de profundidad, 3 millas náuticas del Puerto, temperatura estable entre 10 y 12 grados, presión atmosférica terrestre multiplicada por tres. Podría ser un mensaje encriptado, unas neocoordenadas o una ecuación solo para entendidos. Pero son las principales características de un hundimiento único en el mundo y los factores que, conjugados, harían una cerveza de calidad superior. Junto con el cargamento, estudiantes e investigadores hundieron sus cámaras y dispositivos para estudiar y recolectar evidencia que produjera nuevo conocimiento.
Cada 20 días aproximadamente, un grupo de buzos bajaría a las inmediaciones del lugar donde reposaba aquel tesoro submarino para controlar que todo marchara sobre ruedas. Aseguradas las barricas a la proa del Kronomether, solo tocaba esperar. ¿Qué podía salir mal? Aquí es donde esta historia se vuelve aún más cinematográfica, y no precisamente con un final feliz.
2021: ¿Dónde están las barricas?
Los buzos hicieron sus bajadas regularmente tal como estaba planeado, hasta que en determinado momento del mes de enero, las condiciones climáticas obligaron a posponer unos días la siguiente inmersión. O quizás no fue el clima, quién sabe. Lo que sí pasó es que en determinado momento entre esa última constatación y la siguiente, las barricas desaparecieron.
De las dos jaulas solo encontraron una amarrada a la proa del Kronomether, pero de los barriles de cerveza no había señales. En una primera inspección ocular se constató que los precintos que unían las barricas a las jaulas habían sido cortados, y las tuercas aflojadas. El desconcierto era total porque, ¿quién podría haber cometido semejante acto de vandalismo contra una iniciativa solidaria y con fines académicos?
Los medios nacionales empezaron a hablar de un “operativo pirata en las costas de Mar del Plata” y más allá de lo rimbombante de la aseveración, algo de eso había. La fascinante historia y su fatídico desenlace llegó a la prensa internacional y dio la vuelta al mundo gracias a una publicación del New York Times. Los cerveceros insistían una y otra vez que la cerveza aún no estaba apta para el consumo ni la comercialización, que los barriles de madera tampoco tenían valor, y que había sido un acto ignorante y vil.

Kronomether, la cerveza “con sabor a Mar del Plata” que no pudo ser
Unas cuantas semanas después del sorpresivo (no) hallazgo, los medios locales informaron que el Proyecto Kronomether se retomaba. Los cerveceros junto con Carlos Brelles, primeros protagonistas de esta historia de novela, habían decidido cumplir con el objetivo que había motorizado semejante raíd. Enlatarían aquel discreto remanente de la gran cocción y harían la tan mentada venta solidaria para costear el equipo de refrigeración comprometido al Museo.
En mayo de 2021 tuvo lugar el evento para recaudar fondos. De a poco el sinsabor fue quedando atrás, oculto por el sabor de la cerveza enlatada. Para la misma época tuvo lugar la “Copa de Arte Cervecero”, y la cerveza Kronomether ganó el tercer puesto. Fue una especie de premio consuelo, una palada más de esfuerzo para que la gesta no se olvide.
Autor foto de portada: Mundo Cerveza



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