Sol Lavítola tiene 36 años y su amor por las artes la define. Estudió violoncello y formó parte del cuarteto de cuerdas local Amadeus; también se formó en Ilustración. En su trabajo diario, integra estas disciplinas y las complementa con su gran pasión: dar vida, animar y crear historias a través de títeres y marionetas.
En esta entrevista, Sol nos cuenta acerca de un oficio entrañable, que a muchos nos conecta con el juego y la infancia.
Crear una marioneta es un arte complejo que involucra distintos saberes: dibujo, trabajo sobre madera, diseño. ¿Dónde te formaste?
“Sin dudas es un arte que involucra a otras artes. No solo se trata de saber manipular herramientas de carpintería, de dibujo y diseño, sino que también requiere tener conocimientos en escultura, pintura, costura, escenografía, puesta en escena. Quienes componen y dirigen sus propios espectáculos, necesitan tener conocimientos en dirección teatral, iluminación y edición musical. A mi parecer es un arte riquísimo, que invita a profundizar en todas las artes.
Formalmente me capacité en Artes Plásticas luego de terminar el secundario; podría decir que allí inicié un camino en el que luego se incorporó el teatro y de esa conjunción nació el Teatro de Títeres.
Quien me dio el primer y más significativo impulso para llevar mis títeres a la escena fue Pepe García; con él trabajé durante varios años, en ocasiones junto a su Compañía “Los Cuatro Gatos”, realizando presentaciones en escuelas, teatros y giras por la Provincia. Pepe fue un guía que me impregnó de pasión por este oficio.
Luego me formé con diversos maestros en distintas técnicas de manipulación: Miguel Oyarzun, Rafael Curci, Paula Vidal, Camilo De La Spriella, Rubén Orsini, entre otros.
En el campo de la construcción, la formación en la Escuela de Artes Visuales me brindó algunas herramientas, pero el verdadero camino en lo que respecta al mundo de títeres y marionetas lo transité de modo autodidacta, en los primeros años sola y luego junto a mi colega Lucas Manso, con quien desde el año 2011 creamos un Taller y laboratorio donde investigamos estas diversas y variadas técnicas de construcción de muñecos y objetos escenoplásticos”.
¿Dónde, cuándo y cómo fue tu primera aproximación al mundo de los muñecos, títeres y marionetas? ¿Qué fue lo que te intrigó y cautivó al punto de dedicarte a crearlos?
“Tal vez uno de los primeros objetos que tocaron mis manos luego de nacer haya sido un muñeco. Sin duda mi primera aproximación al mundo de los títeres fue en mi infancia, en esos primeros años de vida, donde intuitivamente creaba personajes e historias. Claro que desde esos tiempos hasta mi adultez no imaginaba que este sería mi destino.
Haber visto a Pepe actuando con sus títeres fue algo impactante. Me cautivó ver un hombre mayor jugando con la libertad que juegan los niños, sumergido en ese mundo de fantasía y delirio, siendo él y otros al mismo tiempo… Entonces quise jugar ese juego, con esa libertad y pasión que él me inspiró.
La primera vez que pisé un escenario con un títere fue de la mano de Pepe, luego de ser invitada a una de sus clases. Ese mismo día él tenía una función programada para adultos, en la que me propuso participar con uno de mis personajes. Aunque me negué por mi falta de experiencia Pepe insistió y me lanzó a este mundo del que no habría vuelta atrás”.
Hay dos clásicos vinculados a los títeres y marionetas: uno local, que es Pepe García, y otro universal, que es Pinocchio. ¿Qué sensaciones te generan ambos en relación con tu oficio?

“Pepe me genera una sensación de libertad y entrega, de volver a ese universo lúdico de nuestra infancia. Ha sido una gran experiencia conocer a este hombre que ha trabajado con entusiasmo y constancia toda su vida, sin anhelos de fama y reconocimiento. Me produce una enorme admiración recordarlo en sus últimos días diciendo que tenía ganas de jugar e imaginar nuevas historias con sus títeres.
Respecto de Pinocchio, recuerdo haberlo leído de niña y sentir cómo volaba mi imaginación llevándome al taller de Gepetto, a ese ambiente cálido lleno de herramientas y madera donde un hombre podía crear a un ser que lo acompañaría por siempre. Supongo que este clásico es más que un cuento en mi vida”.
¿Qué es lo más lindo de tu oficio/ profesión? ¿Y algo no tan lindo?
“Lo más lindo es darme cuenta de que por momentos me encuentro sumergida en ese juego atemporal de la infancia, en el que el objetivo principal es no perder esa conexión con mi creatividad.
Lo no tan lindo es tener que hacer coexistir esta amada actividad con las obligaciones de la vida adulta, donde la productividad parece ser el único objetivo”.
Estuviste dos veces de gira por Europa con tus marionetas. ¿Cómo fue la experiencia en Italia?
“La primera vez que viajé a Europa fue en el año 2013; en ese entonces ya trabajábamos con Lucas en la investigación de títeres y marionetas y teníamos nuestro primer Taller en un galpón junto a los chicos de la ONG HazmeReir.
En esa primer gira viajé con una de mis marionetas de hilo más antiguas llamada Simón, trabajé en las calles del País Vasco y Francia y participé en un Festival ubicado en un pueblito llamado Charleville Meziere. Además conocí un mítico Taller de marionetas en Barcelona de la mano de una colega llamada Julieta Miranda.
En el año 2019 volví a viajar pero esta vez con Lucas y seis marionetas, llevando nuestro espectáculo “Sueños de arrabal”. Fue una gira de tres meses en donde recorrimos más de diez países y festivales. Para ambos fue una gran experiencia, ya que conocimos diversas culturas y colegas de todo el mundo.
En lo personal conocer Italia era algo que me generaba mucha expectativa, ya que mis antepasados eran del Norte de este país. Tuvimos la suerte de participar en tres festivales en Offida, Livorno y San Marino. Entre festival y festival pudimos darnos el lujo de conocer Firenze y Venezia, entre otra cantidad de pequeños pueblitos llenos de historia. Nos quedó pendiente llegar a Sicilia, donde nace la tradición de los Puppis Sicilianos y conocer el Museo del mítico marionetista Vittorio Podrecca en Cividale del Friuli, quien en el año 1920 llegó a Buenos Aires con su espectáculo I Piccoli de Podrecca, conformado por más de 40 marionetistas y 1200 marionetas de hilo.
Italia, además de ser la tierra de mis bisabuelos, es un lugar que guarda la historia del arte que más me apasiona, su origen y desarrollo”.

¿Cómo vivís tu oficio en cuarentena? ¿Qué cambios forzados tuviste y cómo te readaptás al nuevo contexto?
“Mi oficio se vio directamente afectado por la cuarentena. En primer lugar por la imposibilidad de hacer funciones en teatros y salas. Particularmente nos modificó los planes de una nueva gira por Europa, donde teníamos varios festivales programados que se han cancelado, especialmente lamentamos no poder asistir al de Penabilli, en Italia.
También modificó nuestra modalidad de trabajo con respecto a los talleres que impartimos; antes dábamos talleres presenciales en nuestro espacio y debimos adaptarlos para brindarlos a través de Internet, lo cual reduce algunas posibilidades de seguimiento del trabajo de los alumnos. Pero por otro lado nos permite intercambiar en simultáneo con gente de todo el mundo que de otro modo no podría asistir a nuestros cursos.
Ha sido duro los primeros meses, ya que la adaptación a esta nueva forma de trabajo ha sido muy repentina. Seguimos buscando alternativas para ejercer nuestra labor como artistas y no bajar los brazos ante este nuevo orden mundial.
Actualmente para pasar esta difícil situación hemos conformado un colectivo de titiriteros marplatenses llamado Épa, en donde no solo nos damos fuerzas, sino que también generamos espacios de trabajo e identidad cultural”.
PhotoCredit foto de portada: Mariano Rendino / Universidad Nacional de Mar del Plata


