El pasado 10 de febrero moría Cachito Rodríguez. Su nombre oficial era Héctor Florentino Rodríguez, aunque se hacía llamar Ameghino, uno de los más grandes guitarritas que nos ha dado nuestra ciudad.
Los marplatenses que hemos transitado las noches en la tanguería Los Duendes, conocemos acerca de su pasión por la guitarra, de su talento, respeto y dedicación. Su muerte sacudió al público local y a los artistas que lo consideraban un padre de oficio, “el ángel de la guitarra”.
El oficio del guitarrista
Nació en Mar del Plata, pero vivió parte de su vida en Mendoza y luego en Buenos Aires. Regresó a nuestra ciudad a causa de la muerte de su padre en 1975 y nunca más se fue (salvo en las ocasiones en que tenía fechas programadas).
Comenzó a tocar la guitarra a los 4 años. Su profesor fue el maestro Domingo Báez, con quien compartió el amor por el instrumento. Tuvo una infancia de conservatorio, en donde le enseñaron a tocar música clásica. Pero en la década del ’60, siendo aún un jovencito, Cachito se fue a tocar a las cantinas de La Boca y a cualquier sitio de Buenos Aires en donde pudiera hacer un dinero.

En una entrevista para Revista Ajo, Cachito relató parte de su historia: “para tocar bien tenés que pasar ciertas necesidades, te das cuenta que hay una pasión, un amor que te mantiene cerca de tu instrumento. Y es lindo. Son experiencias fuertes”, dijo.
Cachito era un virtuoso de la guitarra. Compartió escenario con Jorge Casal, Adolfo Beón, Edmundo Rivero, el Polaco Goyeneche, Tito Alberti, Oscar Aleman, Carlos López Terra y Martita Suint, entre otros. Rompió su record cuando (en 1998) tocó treinta y siete horas y media seguidas, en un programa conducido por Mario Bassano.
Un recuerdo colectivo de Cachito en Los Duendes
El recuerdo de Cachito es el de un hombre flaco, de pocas palabras, que tenía un vínculo único con su guitarra. También es el de su sonrisa, cuando en el bar de la calle Yrigoyen casi esquina Moreno, se oía a alguien del público pedirle que tocara una canción que a él le gustaba. En ese momento viajábamos de Mar del Plata, con sus plazas y sus playas, hacia las madrugadas de San Telmo, La Boca o Almagro. Mientras Martita servía un vaso de vino y con la otra mano dejaba unas empanadas susurrando “están calentitas”, Cachito y Tony (Olmos) empezaban a guitarrear, regalándonos la noche.
Durante 17 años, y hasta los últimos días previos a la pandemia del Covid-19, Cachito tocaba todas noches en la tanguería Los Duendes Bar Cultural. En ese boliche, acompañó tanto a músicos profesionales como amateurs que se acercaban a compartir una canción con el maestro. Sus pasiones eran el tango y el folclore, aunque disfrutaba de una amplia variedad de estilos musicales.

A causa de su partida, desde del próximo año, todos los 10 de febrero serán motivo de homenaje: se conmemorará el Día del Guitarrista Marplatense. El encargado de la iniciativa fue el concejal Marcos Gutiérrez. La fecha busca “garantizar y difundir al colectivo de artistas que ejecutan el instrumento”. En este sentido, la Secretaría de Cultura de la ciudad deberá garantizar “diversas actividades culturales en el marco de las conmemoraciones”.
Aunque hace mucho tiempo que quiero escribir sobre Los Duendes, hubiera deseado que no sea en esta ocasión, a propósito del Día del Guitarrista por la partida de Chachito. Pero, “la vida es un tango”, y me encontró escribiendo estas líneas con cierta melancolía tanguera.



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